Las Atarazanas de Barcelona. Una visión crítica

Panorama de Barcelona desde Montjuïc,tomado por Anton van den Wyngaerde en 1563
Panorama de Barcelona desde Montjuïc, tomado por Anton van den Wyngaerde en 1563.En un primer plano a la derecha las Atarazanas.

Ramon Muntaner, en su Crònica, aconseja al rey Pedro III, que construya cuatro atarazanas, dos de necesidad y las otras de previsión. Estas serían Tortosa y Cullera y las primeras Barcelona y Valencia, ya que ambas “ha major poder d’hòmens de mar, que en ciutat que ell haja”[1] Esta definición creo, que es la que mejor encaja con la realidad de la atarazanas barcelonesas: el dinamismo de la ciudad y su erección sobre el resto de ciudades por su personalidad jurídica. Desde los primeros asentamientos íberos (layetanos) y con la posterior romanización y refundación de la ciudad, Barcelona no cuenta con un puerto natural que favorezca el tránsito de naves, pero un aporte de arenas aluviales de los ríos, torrentes y rieras en dirección al promontorio de Montjuïc, permitió la formación de dos abrigos naturales para las embarcaciones, a poniente y levante de la roca. No ofrecía una gran protección contra los elementos, ni contaba con infraestructuras naturales a modo de diques, muelles… pero contaba con un rico hinterland en recursos naturales, donde concurrían vías romanas (vía Augusta la principal) amén de saber mantener un comercio a larga distancia con el foreland portuario, adaptarse a la crisis romana del siglo III y sobreponerse a Tarraco, “con apasionado afán de lucro, de negocio, de distracciones, de herejías”[2] Este dinamismo, es fruto también de los belicosos condes gobernantes que disfrutaban amenazando y asaltando los reinos musulmanes y supone una fuerte inyección de capital que alimenta el comercio. Y la ciudad se erige en ciudad capital, con una regulación propia, como son los Usatges una recopilación del derecho feudal consuetudinario y cuyos primeros testimonios son del siglo XII, una legislación marítima de raigambre romana, el Consolat del Mar, con un conde y rey gobernante, que tiene los mismos intereses que los patricios de la ciudad, y cuya culminación será la monarquía estamental o corporativa: La   Corona de Aragón.

Vista de la ciudad de Barcelona con sus Atarazanas

En este contexto y consecuencia de la imposibilidad de una extensión allende de los Pirineos, se opta por la expansión peninsular, Valencia, Murcia y luego Mallorca. Ello supone la necesidad de un contingente naval, y será el punto de partida de la posterior expansión por el Mediterráneo. Nos encontramos en el reinado de Pedro II el Católico (siglo XIII) y este gracias a los Usatges dispone de una porción de terreno en la franja costera que pretende urbanizar con unas atarazanas, situadas en la zona que sería la calle Regomir actual (justo en el decumanus maximus  romano) Ello no será real hasta el reinado de Jaime I, pero el gran salto, será ya en el reinado de Pedro III, momento álgido de la política expansionista de la Corona catalano-aragonesa, en que se opta por una nueva ubicación que es la actual. Actual, pero no así el entramado que no será hasta mediados del siglo XIV en que Pedro IV erige el actual edificio. Anteriormente se había puesto el énfasis en el mantenimiento de las instalaciones, tales como el cubrimiento llevado a cabo por Alfonso IV. Estamos como se ha dicho más arriba en el mejor momento de la proyección exterior, imperialista de la monarquía catalano-aragonesa. Los intereses de la corona y de los mercaderes coinciden: la conquista de Mallorca es financiada en parte por la ciudad de Barcelona, y como Pere Martell sugirió al rey Jaime I, “E plaer vos  ha, e tindrem per bo que vos aquel ay la conquirats, per II raons: la primera que vos ne val res  mes enos; l’altra, que sera cosa mareveylosa a les gents que oyran aquesta conquista, que prengats terra e regnedis en la mar, don Deus lo volch formar”[3] . Luego vendrá el salto hacia Sicilia, Cerdeña, Nápoles, expediciones a Grecia…De las atarazanas barcelonesas saldrán las flotas de galeras que permitirán esta expansión. Pero ello supone un elevado precio. Desde el reinado de Jaime I hasta las obras de Pedro III, transcurren más de cien años. La construcción de una infraestructura capaz de suministrar, reparar e hibernar hasta treinta naves de guerra supone una inversión de recursos que la corona por sí no puede asumir. Los astilleros son tenidos como una necesidad para la ciudad, pues no solo supone una carga de trabajo para ella, si no que permite la existencia de naves que luchen contra el corso, el verdadero peligro. Por ello la ciudad llegó a un acuerdo con el rey para que esta financiase con 10.000 florines las atarazanas. Se dice que a partir de este momento las atarazanas serán de la ciudad.[4].

Detalle de las Atarazanas por Wyngaerde
Detalle de las Atarazanas por Wyngaerde

Ello no es del todo cierto, si no que forma parte de la visión romántica de la historiografía oficial catalana, romántica y nacionalista, (la Renaixença,Vuitcentisme) hasta bien entrado el siglo XX en que los Anales y Viçens Vives dan un giro a esta. Arriba he citado a la monarquía estamental como simbiosis de los intereses de la corona y el patriciado urbano. Ello es consecuencia que desde 1162 el conde de Barcelona es también rey de Aragón, Alfonso I. Ello supondrá la necesidad de desarrollar un elemento jurídico que sirva a la vez de cohesión como de elemento diferenciador. Los intereses del reino de Aragón, o mejor de su nobleza, difieren de la catalana, amén del rey y conde de Barcelona. Solo la adopción del Ius Commune, derecho común de origen romano, asimilado por la Iglesia a través del derecho canónico y por el feudalismo, permitirá la creación de herramientas jurídicas necesarias y útiles para el ejercicio del poder político, en que el príncipe sobresale como jefe de una comunidad, de una generalidad, cuerpo místico o político. Así las atarazanas, serán el espacio donde se construye, hiberna, repara, almacena objetos navales, armamento… bajo administración real. Esta administración real, no puede sufragar el costo que ello supone, y el cuerpo místico o político necesitado de protección, de auxilio, de riqueza… desea ayudar al príncipe. Surge así el pactismo, definido por Viçens Vives, como el “pacto con la soberanía que ha de regular toda la ordenación humana y política de la colectividad”[5] y el pacto es fidelidad. A pesar de este carácter feudal, la ciudad va tomando una personalidad jurídica propia, con legislación propia, y que destaca de otros núcleos de población y producción, por contar con una clase, una generalidad, que no solo rinde fidelidad al rey, si no que le aconseja junto con otros brazos, militar y eclesiástico. El rey, el príncipe, claro es necesita consejo, o mejor dicho ayuda económica para la salvaguardia del corpus. Surge así las cortes, asamblea en que ni todas las ciudades están ni estarán, pues solo las reales acuden de forma irregular, pero si la más grande se impondrá, como es Barcelona. De ente consultivo, derivará en asamblea legislativa, donde Constitucions y Actes es el resultado de una aprobación recíproca de propuestas del rey y asamblea, donde se votan subsidios y se presentan greuges, quejas, reclamaciones La periodicidad pasa a ser anual y luego trienal. Ello se da ya en el inicio del siglo XIV, 1301. La aprobación de los subsidios, tendrá la condición de ser velado y fiscalizado por una diputación provisional, que se encargará del buen uso de ellos. Esta diputación será conocida como la Deputació del General de Catalunya o Generalitat…generalidad. Una vez concluida su labor se disolvía, pero las sucesivas convocatorias de las cortes hizo que en 1413 ya fuese permanente. Respecto a las atarazanas barcelonesas, si bien la administración del edificio era real, era la Diputació quien administraba los subsidios directamente y la administración de los buques una vez acabada la campaña correspondiente, era del General pasando estos a su propiedad junto con las naves que estas habían capturado o apresado.  Suponía no solo el control del gasto, si no la del mantenimiento o en otras palabras, carena y calafeteado de cascos e hibernación de los mismos, desmontaje de arboladuras, restitución de estachas, maromas, obenques, conservación del armamento… en definitiva el mantenimiento de la carga de trabajo que un astillero supone. La corona tenía su representante en la figura del atarazanero real que a su vez era dependiente del batlle general y ambos del Racional de la Cort. El General claro está, tenía a su representante denominado Drassaner del General y también en según que circunstancias, si la ciudad de Barcelona intervenía se nombraba un atarazanero del Consell de Cent, ayuntamiento. Todo este entramado alcanza su máximo esplendor en un periodo de crisis, que se intenta paliar con el Compromiso de Caspe de 1412, en que se busca la riqueza castellana (Josep Pla dixit)[6] y que se intentará de nuevo con la Unión de Coronas de 1479. A pesar de ello las atarazanas de Barcelona, serán el motor de la ciudad, pues a diferencia de otras obras de la ciudad, como son la Lonja, Santa María del Mar, estas garantizan trabajo a la ciudad, acompañado ello de medidas proteccionistas, verdaderas actas de navegación que tan solo permiten el embarque de mercancías en naves locales, y además supone una especialización y modernización (timón de codaste, por nombrar) en un tipo de construcción de naves como es la galera, capital ship mediterráneo en la lucha contra el corso argelino e imperio otomano. Prueba de ello será el embarque del emperador Carlos V en 1535 para su campaña tunecina. Que la ciudad sea elegida para la concentración de la flota, dice mucho no solo en la capacidad de la misma en absorber a toda la soldadesca con los problemas de policía y sanitarios que conlleva, si no la capacidad de las atarazanas para alistar a todas las naves antes de su singladura. Su cenit será en 1571, Lepanto, aunque estéril la batalla, las atarazanas demostraron de nuevo su capacidad. El declive de las atarazanas se inicia con la expansión atlántica, y hace que el comercio se oriente hacia las Indias, ya que es más seguro que el Mediterráneo, ya que el corso sigue siendo la mayor amenaza para el comercio y supervivencia de la ciudad.

Vista aérea

En definitiva las Atarazanas de Barcelona (esta vez con mayúsculas) son el fiel reflejo de su época y momento. No podemos decir de forma unánime que son el símbolo de riqueza, de poder, de ambición catalán…si no que estas nacen como uno de los elementos que regula presión, el gas del crecimiento demográfico y económico, y que busca su expansión (como hizo la monarquía castellana en las Indias) allende de sus costas, ya que no puede hacerlo por los Pirineos. Esta expansión es costosa, muy costosa con unos resultados buenos y no excelentes. Pero que no puede acabar con la amenaza de la piratería de un color u otro y pasará factura a la corona, debiendo buscar el oxígeno en la ciudad. Las Atarazanas en plena crisis, previsible en una economía que vive del grano principalmente, será el verdadero redreç, de la economía local. Y es previsible también que semejante infraestructura no siempre podrá rendir al cien por cien de su capacidad, con el consiguiente gasto que conlleva. Su decadencia no es tal, tan solo se adapta a la realidad cruel, como es la conversión en maestranza, otro motor especializado de la economía.



1 La traducción sería se da mayor concentración, poder de hombres de mar, que en otras ciudades.Crònica, Ramon Muntaner,

2 Vilar, Pierre Catalunya en la España Moderna Introducción. El medio natural y el medio histórico.

3 Y así os complace, daremos por bueno que conquistéis aquella isla, por dos razones: la primera, que vos y nosotros valdremos más; la otra, que aquellos que oigan de esta conquista se maravillarán de que toméis una tierra y un reino en el mar donde Dios lo quiso crear.

4 Giralt d’Arquer, Eugeni Les Drassanes Catalanes

5 Vicens i Vives, Jaume Notícia de Catalunya

6 Pla i Casadevall, Josep. Prosperitat i Rauxa de Catalunya

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Breve historia y cartografía del puerto de Barcelona. La Edad Moderna

Inicio este blog dedicado a la marina catalana con estos comentarios del puerto Moderno  de Barcelona.

El puerto de Barcelona fue uno de los   motores del Mediterráneo,  eje vertebrador de la economía ibérica…  ello si bien es cierto es algo exagerado. Barcelona, desde la época de íbera de Barkeno, contaba con un buen fondeadero, no muy alejado del actual puerto, a Poniente de Montjuïc, pero también con el problema de la llegada de arenas ya sea del Llobregat o de las  riadas. Prueba de ello es que el original “puerto”   se tuvo que trasladar ya con la fundación de la Colonia Iulia Augusta Paterna Faventia Barcino a lo que es más o menos su actual emplazamiento, Esta nueva ubicación confiere más abrigo que otros puerto del litoral (Badalona, Mataró, Blanes…) y se encuentra además en una encrucijada donde confluyen vías terrestres, amén de contar con un rico hinterland. Estos elementos serán los que verdaderamente definirán al puerto y su desarrollo. Ahora bien, ello tardará en ser aprovechado pues a diferencia de otros puertos del Mediterráneo, no será hasta finales del Siglo XVIII en que  Barcelona cuente con una infraestructura adecuada. Siempre se encontró con el problema de la financiación, pues Barcelona, como ciudad más visible de la Corona de Aragón, estará en continua crisis desde el Siglo XIV con ligeras recuperaciones en el XVII. Prueba de ello es la lentitud en la construcción de un dique, obra que hasta 1697 no se realiza de forma satisfactoria. Supo dotarse en cambio, de una entidad y  cuerpo legislativo representado por el Consulat del Mar, que facilita la confianza del armador y por ende del comercio. Aún así el puerto tuvo una actividad mercantil importante  a la vez que contaba con las Reales Atarazanas que se especializaron en la construcción de galeras, pero siempre careció de la infraestructura para ser un puerto como el marsellés, napolitano, genovés.

La primera imagen es esta magnífica vista desde  el mar de la ciudad de Barcelona. Una de las mejores reproducciones conocidas de la ciudad, del autor Anton Van der Wyngaerde  datada en 1563. Se muestra todo el frente marítimo de la ciudad: Atarazanas, el cauce de las actuales Ramblas, el Palacio Real, Santa María del Mar,  La Lonja, la Catedral, la iglesia del Pi,  Sant Pere de les Puel.les, la muralla y especialmente la del Mar y su Puerta, amén de las huertas adyacentes. Destaca la actividad del puerto, todavía un fondeadero  a pesar del dique construido entre 1477 y 1487 (centro-derecha de la imagen frente al Portal del Mar y la Torra Nova). Buques varados, aparentemente naos o cocas así como galeras, pequeñas embarcaciones a remos que se dirigen a descargar a las naves y especial actividad en la playa, en la que se aprecian unos tinglados. Junto al dique se observa la maniobra para varar una nao  mediante un cabestrante, quizá para carenarla. Otros buques inician la entrada en el puerto, dos galeras y una imponente nao, dotada de mesana, mayor, trinquete y bauprés. La Atarazanas muestran cuatro galeras: desde la izquierda una realiza la maniobra para varar, la siguiente ya la ha realizado y todos los remos se han alzado, la tercera muestra la toldilla y sin aparente actividad y la última está amarrada por popa, en la que se observa maniobra. Una quinta galera ya  ha zarpado, pues navega paralela a  la playa, no siendo la mejor forma para varar. Parece buscar una salida, un canal, para izar la vela y tomar el viento Garbi (a tenor de una pequeña nave y las naos o cocas que aparecen tras Montjuïc)

Vista de fachada marítima del Barcelona Seguir leyendo Breve historia y cartografía del puerto de Barcelona. La Edad Moderna